El camino a casa Para peques
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El camino a casa

Un juego de laberinto gratuito que funciona en el navegador. Hay un ratón, unas migas y una madriguera, con setos en medio. Tocas cualquier casilla y el ratón va hasta allí por el camino más corto, recogiendo lo que pisa. Las juntas todas, llegas a casa y aparece otro laberinto.

¿Cómo se juega?

  1. Elige tablero - Cinco por cinco con dos migas, seis por seis con tres, o siete por siete con cuatro.
  2. Míralo entero - Todo está a la vista desde el primer momento. No hay nada escondido que buscar.
  3. Toca una casilla - El ratón va por el camino más corto que existe y jamás atraviesa un seto.
  4. Recoge de paso - Cualquier miga que pise el recorrido se recoge, aunque no apuntaras a ella.
  5. Vuelve a la madriguera - Cuando ya no quedan migas, un toque en la madriguera cierra el laberinto y llega el siguiente.

Sobre el juego

Aquí no se mueve nada hasta que alguien toca la pantalla. Y nada puede salir mal.

Un recorrido torpe termina igual en la madriguera; sencillamente no cuenta como perfecto, y solo lo perfecto alimenta el récord. Así que queda una única cosa en la que valga la pena ser bueno: el orden. Repartimos 20.000 laberintos nuevos en cada tamaño de tablero y comparamos cada reparto con su propio recorrido mínimo, calculado a fuerza bruta sobre todos los órdenes posibles de las migas. Ir primero a la miga más cercana, que es lo que hace todo el mundo, coincide con ese mínimo en el 92,7% de los tableros pequeños y solo en el 68,6% de los grandes. Cogerlas en orden de lectura baja al 44,6%.

Y en el tablero grande el peor orden de esas mismas cuatro migas cuesta 84,35 pasos frente a los 39,53 del recorrido mínimo. Decidir vale más que andar.

Un toque dice dónde. Nunca un paso. El ratón busca el camino él solo, y no hay mando ni nada que mantener pulsado.

La parte honesta, mejor saberla antes: el tablero pequeño apenas es un laberinto. Se excava como un laberinto de verdad y luego se le vuelven a abrir nueve de cada diez callejones sin salida, con lo que en un reparto medio queda un tercio de callejón, y en uno de cada diez repartos todos los órdenes cuestan exactamente los mismos pasos. Eso es un jardín con setos, y así se quiso. A un niño de tres años le viene justo eso. Uno de ocho lo agota en un minuto, así que no empecéis ahí.

¿Qué enseña?

Ordenar una tarea

Cuatro migas son 24 órdenes posibles y casi todos salen más largos. Es justo la cantidad de elección que cabe en la cabeza.

Leer un espacio

Antes de tocar hay que ver que el camino existe. Lectura de mapa en pequeño, sin una sola palabra.

Parar antes de actuar

Nada se mueve hasta que lo tocas, así que un segundo de reflexión cambia el resultado en el acto.

Convivir con lo imperfecto

Un laberinto torcido acaba igual que uno limpio. Nadie recibe un castigo, y el siguiente ya está ahí.

Consejos

La miga más cercana no siempre va primero

Es el movimiento evidente y falla el recorrido mínimo en cerca de un tercio de los tableros grandes. Mira dónde está la segunda antes de salir hacia la primera.

Localiza la madriguera

Toda partida acaba ahí, así que una miga que caiga en esa dirección sale casi gratis. La que está al otro lado conviene recogerla mientras andas por allí.

Dos migas, un paseo

Dos migas en el mismo pasillo caen con un solo toque. Antes de coger la cercana, comprueba si la lejana está justo detrás.

Mira el rastro

El recorrido se queda iluminado un momento después de cada toque. Ahí se ve el rodeo, y eso enseña más que ninguna otra cosa de la pantalla.

¿Para qué edad es?

3 a 4

El tablero pequeño. Dos migas, pocos setos, y casi cualquier toque adelanta algo.

5 a 6

Seis por seis con tres migas. El recorrido mínimo ronda los 24,41 pasos y el orden ya se nota.

7 en adelante

El tablero grande: cuatro migas, casi seis callejones sin salida por reparto y una partida perfecta que pide leerlo todo.

Adultos

Id a por una racha de perfectos. Nuestro robot de la miga cercana se queda en el 68,6%.

Accesibilidad

Un toque por movimiento, sin arrastrar, sin mantener pulsado y sin botones de dirección que haya que pulsar seguidos. El ratón recorre el camino entero solo, de modo que quien use un dispositivo de entrada alternativo, o una mano pequeña que todavía no apunta bien, llega exactamente a las mismas casillas. No hay reloj ni cuenta atrás, así que se puede parar a pensar el rato que haga falta. Las casillas son grandes: en el tablero mayor salen a unos 49 píxeles en un teléfono de 390 píxeles, y bastante más en el pequeño. Cada casilla lleva en la etiqueta lo que hay encima más su columna y su fila, así que un lector de pantalla distingue las cuarenta y nueve en vez de repetir lo mismo cuarenta y nueve veces. Se juega entero en silencio sin perderse información.

Jugar juntos

Señalad antes de tocar

Preguntad qué miga va primero y dejad tocar después. Un niño pequeño responde con el dedo, y eso ya es un plan.

Un laberinto cada uno

Por turnos, un laberinto entero cada vez, y contad cuántos salieron perfectos. Como no hay reloj, nadie corre.

Adivinad los pasos

Antes del primer toque, adivinad cuántos pasos hará falta. Luego lo comparáis con el contador.

Contad dónde ha estado

El ratón no recuerda nada, así que la historia es vuestra. Quién vive en la madriguera y quién dejó las migas.

Preguntas frecuentes

¿Se puede perder?

No. Ni reloj, ni vidas, ni un movimiento que acabe mal. Un paseo torpe termina igualmente en la madriguera, solo que no cuenta como perfecto.

¿Por qué el ratón no va por donde yo quería?

Porque un toque dice dónde y no cómo. Siempre toma el camino más corto entre donde está y la casilla que has tocado. Si quieres otro recorrido, toca antes una casilla intermedia.

¿Qué es un laberinto perfecto?

Uno terminado en los menos pasos que ese laberinto permite. Ese mínimo se calcula por reparto contra todos los órdenes posibles de las migas, así que es el mínimo de verdad.

¿Cuántos pasos lleva un laberinto?

El recorrido mínimo es de 13,58 pasos en el tablero pequeño, 24,41 en el mediano y 39,53 en el grande, de media sobre 20.000 repartos. Un ratón que va siempre a la miga más cercana termina el grande en 43,91.

¿El tablero pequeño es demasiado fácil?

Sí, a propósito. Nueve de cada diez callejones sin salida se le abren, y en un décimo de los repartos cualquier orden cuesta lo mismo. Está hecho para tres años, no para ocho.

¿Hay botón de deshacer?

No, y no hace falta. Ningún movimiento estropea un laberinto, como mucho lo alarga. Reiniciar reparte un tablero nuevo cuando quieras.

¿Hace falta saber leer?

Ni una palabra. Un ratón, un queso y una casa: ese es todo el vocabulario. La fila de debajo enseña las migas que faltan como migas y no como número.

¿Es gratis?

Sí. Sin pagos, sin compras dentro del juego y sin una edición de pago más grande.

¿Tiene anuncios?

Ninguno. Ni banners ni nada entre laberinto y laberinto.

¿Hay que descargar algo o registrarse?

No. Funciona en el navegador y, tras una visita, queda guardado en el aparato y va sin cobertura.

¿Cómo se mide el récord?

Por cuántos laberintos perfectos se cerraron seguidos, guardado aparte para cada tamaño de tablero. Uno torcido pone la racha a cero y no quita nada más.

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